Site Selector

You are now leaving lundbeck.com. Please note that the information contained in the site you are linking to may not be fully compliant with regulatory environment and that product related information should be checked against the corresponding consumer medicine information or by asking your doctor. Any information provided should be discussed with your health care professional and does not replace the advice and treatment of your doctor. We hope you will visit us again soon.

Ir a

Cancelar

La historia de Sheng Kangshua

Intenta tratar la enfermedad de Parkinson como un viejo amigo

Con 80 años y parkinson, ¿cómo logras la mejor calidad de vida posible en tu día a día? Su experiencia y su alegría de vivir, le están dando la clave a Sheng Kanghua.

Sheng Kangshua

China

80 años. Casado, una hija y un hijo.

Profesión

Jubilado pero muy activo en su día a día.

Diagnóstico

En 2008, Sheng fue diagnosticado de enfermedad de Parkinson, que presenta temblores, rigidez muscular, deterioro de la memoria y problemas del sueño, entre otros síntomas.

Ya han pasado nueve años desde aquel día en que Sheng Kanghua estaba sentado en la sala de espera, deseando que el médico descartara su corazonada. Al salir de la consulta, no podía dejar de pensar en Deng Xiaoping, quien, durante años, había sido el político más poderoso de China. Si a Deng Xiaoping no habían podido curarle la enfermedad de Parkinson, tampoco había esperanza para él.


Sheng Kanghua tenía 71 años cuando recibió su diagnóstico y, hasta entonces, no había tenido ningún problema grave de salud. Un débil temblor en su mano derecha era el único signo visible de que la conexión entre su cerebro y su cuerpo se estaba deteriorando.


En los meses siguientes, estuvo al borde de la desesperación. Visualizaba una figura demacrada en una silla de ruedas: ese sería él en el futuro, estaba seguro. Desde que era joven, había formado parte de un grupo de amigos del colegio que habían permanecido unidos. Todos tenían buena salud, pero los padres de algunos de ellos tenían la enfermedad de Parkinson en estado grave. Esos padres no podían comer por sí solos ni levantarse de la cama, y se retorcían de dolor. El sufrimiento que sentían parecía confirmar los peores temores de Sheng Kanghua. “No hay cura”, pensaba él. “No hay cura”.

Como un amigo

Durante el transcurso de su larga vida, Sheng Kanghua tuvo que enfrentarse a muchas adversidades y descubrió que era alguien que se esforzaba por sacarle el máximo partido a la vida, en lugar de conformarse con lo que tenía delante. A los 51 años, una edad en la que muchos de sus compañeros habían empezado a estar ansiosos por jubilarse, él dejó su trabajo estable y, contra toda lógica, fundó su propio negocio.


En la dura época que vivió tras el diagnóstico, esa inclinación a luchar contra la adversidad volvió a despertarse en él. Hoy, nueve años más tarde, gracias a un esfuerzo sistemático que incluye hacer ejercicio habitualmente y seguir las instrucciones de su médico, Sheng Kanghua ha conseguido retrasar la progresión de la enfermedad. No ha podido pararla, porque eso no es posible, pero sí la ha retrasado. Tiene más síntomas ahora que en los primeros años de la enfermedad. Le cuesta dormir bien por las noches e incluso girarse en la cama. Siente dolorosos espasmos en las manos y los pies. Y ya no logra recordar todos los caracteres chinos que antes dominaba.


A pesar de todo, se siente mejor que cuando estaba menos enfermo. La vida es mejor. La diferencia, cree él, reside en su actitud mental, una actitud que él resume en un consejo para las otras personas que padecen su enfermedad: “La enfermedad de Parkinson va a acompañarte durante el resto de tu vida. Así que es importante que pienses en cómo quieres lidiar con ella. Si la ves como tu enemigo, estarás permitiendo que el odio entre en tu mente y sufrirás. En vez de eso, intenta tratar la enfermedad de Parkinson como tratarías a un amigo. Tienes que observarlo, comunicarte con él, entenderlo.

Pregúntate qué necesita la enfermedad. "Todo será muy diferente si tratas a la enfermedad de Parkinson como un viejo amigo, y no como un enemigo”. Sheng Kangshua

Un acto de equilibrio

Uno de los grandes placeres para Sheng Kanghua es viajar. Él cuenta que, tras su diagnóstico, aceptó la oferta de ir en silla de ruedas al bajar de un avión. Y disfrutó usando ese servicio. Sheng Kanghua camina de forma torcida y va más lento que las personas sanas, así que para él fue un placer no tener que abrirse paso entre las multitudes del aeropuerto. Sin embargo, la siguiente vez que voló, insistió en salir del avión por su propio pie. “No debo depender de los demás”, explica, “y perder la capacidad de hacer las cosas por mi cuenta”.


Sheng Kanghua cita un famoso proverbio chino para expresar el desafío diario al que se enfrenta teniendo la enfermedad de Parkinson. Tiene que encontrar el equilibrio entre su independencia y el hecho de aceptar ayuda cuando la necesite. “Ná de qĭ, fàng de xià”, dice el proverbio, que literalmente significa “cógelo o déjalo”. Sheng Kanghua lo explica de esta forma: “Significa que, a veces, debo aferrarme a lo que tengo y disfrutar de las cosas que todavía puedo hacer. Pero, otras veces, tengo que aceptar lo inevitable y dejarme llevar. Y debo saber cuándo hacer cada cosa”.


Como resultado, Sheng Kanghua no rechaza la ayuda necesaria. Pero eso requiere otro acto de equilibrio: entre él mismo y quienes lo rodean. “Quiero proyectar una imagen fuerte de cara a los demás”, afirma. Así que, si alguien aparte de su familia y sus amigos cercanos ve que tiene problemas para moverse, Sheng Kanghua prefiere que no le preste atención. Con los buenos amigos es distinto. Todavía sigue quedando con sus viejos amigos de la escuela habitualmente en el club. Mientras charlan y comen en la mesa redonda, su mejor amigo le echa discretamente comida en el plato. Tampoco le molesta aceptar ayuda de su familia. Al contrario. Después de toda una vida siendo autosuficiente, Sheng Kanghua ha descubierto que dejarse ayudar está mejorando su vejez. Ya no es capaz de agacharse para lavarse los pies. Ahora, su familia le ayuda a hacerlo, y su amabilidad le resulta tranquilizadora y conmovedora.

 

Ná de qĭ – fàng de xià.

MÁS HISTORIAS DE LUNDBECK 

Meet Pablo Martín-Gago, scientist

Por qué Copenhague y por qué Lundbeck

Meet Maria Dalby, scientist

El sentimiento de pertenencia y la cultura en Lundbeck