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Neurología

Conocer los trastornos neurológicos

Los trastornos neurológicos son enfermedades del sistema nervioso central y periférico. En otras palabras, el cerebro, la médula espinal, los nervios y los músculos que regulan y coordinan la actividad corporal. 

La demencia es una degeneración progresiva del cerebro y de su capacidad de funcionamiento. Es una enfermedad extremadamente grave que cambia la personalidad de la persona y limita su capacidad para llevar a cabo el día a día. La demencia afecta principalmente a las personas de edad avanzada.

 

Las personas con demencia sufren un deterioro de la memoria, especialmente en la memoria a corto plazo. Posiblemente comience a sufrir pequeños olvidos repetidos, como la pérdida de llaves, pero a medida que la enfermedad avance, es posible que ya no reconozcan a sus propios familiares. Además, empeora su capacidad para emitir juicios, gestionar cualquier tema y planificarse. Las personas con demencia pierden habilidades sociales y a menudo tienen problemas para controlar su estado de ánimo, con tendencia a irritarse o inquietarse. Los síntomas suelen aparecer e ir empeorando a lo largo de los años.

 

Hay varias causas diferentes de demencia, de las cuales la más común es la enfermedad de Alzheimer, relacionada con la acumulación de "placas amiloides" y "ovillos neurofibrilares", poco habituales en el cerebro. Otros tipos de demencia también consisten en una acumulación anormal de la proteína tau en el cerebro; a nivel genérico, se denominan "tauopatías".

 

 

Las personas con demencia terminan siendo completamente dependientes de un cuidador. Sin embargo, se dispone de un determinado número de tratamientos sintomáticos que pueden mejorar la actividad y la calidad de vida de la persona, sobre todo en las primeras etapas de la enfermedad.

La epilepsia es un trastorno del cerebro en el que las personas experimentan convulsiones, es decir, repentinos incrementos de la actividad eléctrica en el cerebro. Durante un ataque, la mayoría de las personas sufren cambios en el conocimiento y en su percepción de las cosas, desde un lapsus hasta la pérdida total de la conciencia. Los síntomas físicos son comunes, incluyendo dificultad para hablar, temblores y convulsiones. Algunas convulsiones tienen síntomas leves y pueden ser inicialmente difíciles de detectar, mientras que otras son completamente incapacitantes. En función del tipo, una convulsión puede durar desde unos segundos hasta varios minutos.

 

Se conocen muchas causas de convulsiones, como las enfermedades hereditarias y las lesiones cerebrales, aunque en la mayoría de los casos no se puede identificar ninguna causa específica. También hay diferentes tipos de "síndrome" de epilepsia, una serie de características que se presentan a la vez. El síndrome de Lennox-Gastaut es un tipo raro pero grave de epilepsia que surge durante la infancia. Los ataques provocan que la persona se ponga rígida o flácida, y requiere un tratamiento de por vida. El síndrome de Dravet es un tipo raro y hereditario de epilepsia que suele debutar en el primer año de vida. Las convulsiones pueden desencadenarse por una fiebre, o incluso por un ligero cambio en la temperatura corporal.

 

La epilepsia es una enfermedad incapacitante que puede afectar la seguridad de la persona, así como su capacidad de desenvolverse en el trabajo o en el colegio. Por ejemplo, las personas con epilepsia corren un alto riesgo de sufrir un accidente de tráfico, y en la mayoría de los casos no deberían conducir. En algunas personas que sufren ataques repetidos, graves o prolongados, la epilepsia puede causar daños cerebrales.

Los trastornos del movimiento están asociados a movimientos anormales e involuntarios. En general, los trastornos del movimiento pueden dividirse trastornos hipercinéticos (por ejemplo, el síndrome de la Tourette o la enfermedad de Huntington), e hipocinéticos (por ejemplo, la enfermedad de Parkinson o la atrofia multisistémica).

 

El síndrome de la Tourette se asocia con movimientos involuntarios y repetitivos, o con sonidos vocales, conocidos como "tics", que aparecen durante la infancia. La enfermedad de Huntington es una enfermedad cerebral hereditaria y progresiva, que suele aparecer durante la edad madura. Causa movimientos espasmódicos involuntarios del cuerpo, conocidos como "corea", así como problemas con el razonamiento y la memoria, y cambios la conducta y personalidad.

 

La enfermedad de Parkinson es una enfermedad cerebral crónica y progresiva, que afecta principalmente a las personas mayores. Causa temblores, lentitud de movimiento, rigidez y problemas de equilibrio, así como otros muchos síntomas independientes del movimiento, como dolor, depresión y problemas cognitivos. La atrofia multisistémica tiene síntomas de movimiento similares a los de la enfermedad de Parkinson, pero es más rara, progresa más rápidamente, es más difícil de diagnosticar y cuenta con menos opciones de tratamiento.

 

Los trastornos del movimiento son una fuente de estigmatización y pueden interferir en la vida cotidiana de la persona. Mientras que el síndrome de la Tourette puede mejorar con la edad, las personas con una enfermedad cerebral progresiva acabarán dependiendo completamente de un cuidador.

El dolor es una sensación desagradable que puede producirse de forma aguda (por ejemplo, después de un hematoma o de una rotura de hueso) o crónica (por ejemplo, después de una lesión en la espalda o de un derrame cerebral). A veces, no hay una causa obvia del dolor. Cada persona experimenta el dolor de manera diferente, y también existe un componente emocional, por el que el dolor que se siente varía según el estado de ánimo de la persona.


Mientras que el dolor agudo es la forma que tiene el cuerpo de advertirnos sobre los daños, el dolor crónico se debe a un mal funcionamiento del sistema de dolor del cuerpo. El dolor neuropático es un ejemplo de dolor crónico, causado por el daño de las células nerviosas por una lesión, un veneno o como consecuencia de algún otro trastorno. El dolor neuropático puede ser intenso y afectar a la calidad de vida, el estado de ánimo, el sueño, las relaciones y la capacidad de trabajo de una persona.


Las cefaleas son extremadamente comunes y pueden ser 'primarias', como la migraña, el dolor de cabeza de tipo tensional y la cefalea en racimos, o 'secundarios', es decir, que son consecuencia de otro trastorno. La migraña se asocia con fuertes dolores de cabeza que suelen ir acompañados de náuseas y/o sensibilidad a la luz y al sonido. Durante una crisis de migraña, que dura horas o días, una persona es incapaz de seguir con su vida cotidiana. Los dolores de cabeza de tipo tensional son, en general, más leves y no están asociados con las náuseas, mientras que las cefaleas en racimo son un tipo de dolor de cabeza relativamente raro y extremadamente doloroso que se suele sentir alrededor del ojo o la sien de la persona.

Las personas con trastornos del sueño tienen una experiencia del sueño insatisfactoria, ya sea en términos de calidad, tiempos o cantidad de sueño total. Como consecuencia, se sienten somnolientos durante el día, sufren estrés, trastornos del estado de ánimo como irritabilidad y reacciones exageradas, y dificultad para llevar a cabo la actividad diaria normal.

 

Existen muchos tipos de trastornos del sueño, algunos de los cuales son relativamente comunes, como el insomnio, y los trastornos respiratorios en los ancianos;  y otros son bastante raros, como la narcolepsia. Los trastornos del sueño suelen ir acompañados de depresión, ansiedad y cambios en la capacidad de razonamiento. En muchos casos, los trastornos del sueño son un signo o consecuencia de alguna otra condición médica o trastorno mental. Por ejemplo, la somnolencia diurna excesiva es un síntoma común de las enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson o Alzheimer.

 

La narcolepsia es un trastorno del sueño particularmente grave. Las personas con narcolepsia están excesivamente somnolientas durante el día. Muchas personas con este trastorno también experimentan una repentina debilidad muscular, que puede provocar caídas. La narcolepsia no sólo afecta al rendimiento laboral y a las relaciones, sino que actividades habituales como la conducción, se vuelven mucho más peligrosas.

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