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La historia de Colleen Henderson Heywood

Adaptarse a una nueva realidad

Colleen tenía 42 años y su vida era un no parar cuando se dio cuenta de que los dedos de los pies habían empezado a encogerse. Cuando le diagnosticaron la enfermedad de Parkinson unos meses más tarde, decidió dar un vuelco a su vida.

Coleen Henderson Heywood

Reino Unido

42 años.

Profesión

Oradora en conferencias sobre la enfermedad de Parkinson y participa en varios comités de la Sociedad de la enfermedad de Parkinson del Reino Unido.

Diagnóstico

Le diagnosticaron la enfermedad de Parkinson a los 42 años.

Una tarde lluviosa, Colleen Henderson-Heywood se encontraba sentada en su coche, a la entrada del despacho de un especialista. Tras nueve meses de consultas con especialistas, acababa de recibir la noticia de que tenía la enfermedad de Parkinson. “Decidí que la enfermedad solo me iba a quitar un día”, explica Colleen.


La primera señal de que al cuerpo de Colleen le pasaba algo fue cuando los dedos del pie derecho empezaron a encogérsele. “Me pasé tres semanas en México llevando chanclas. Pensaba que los dedos volverían a enderezarse solos. Pero no era capaz de mantener los zapatos puestos en el pie derecho. El pie acababa lanzando el zapato por los aires”, comenta. De hecho, Colleen decidió ignorar su pie derecho.

Cuatro o cinco meses más tarde, estaba en Barcelona, parada en la calle, enfrente de una cafetería a la que quería ir. “Me dispuse a cruzar, pero no podía moverme. Estaba paralizada. Yo le mandaba señales a mi cuerpo para que caminara hacia la cafetería, pero era incapaz de mover la pierna derecha”, recuerda Colleen. “Después de eso, por fin fui al médico. El doctor me dijo que no tenía ni idea de lo que me pasaba, pero que iba a empezar un proceso de descarte”. Entre otras pruebas, Colleen se sometió a un DaTSCAN, que se usa para diagnosticar la enfermedad de Parkinson.


“El especialista me llamó y me pidió que fuera a verlo. Me dijo que me sentara. Yo le dije: ‘No, quiero saber qué me pasa de una vez’. ‘Tiene la enfermedad de Parkinson’. Sin embargo, el optimismo inicial de Colleen recibió un duro golpe. “Yo creí, erróneamente, que habría un tratamiento que lo resolvería todo, que podría tomarme un medicamento que me permitiría volver a caminar con normalidad. Por desgracia, no fue el caso”.

Colleen describe así sus síntomas: “Esta mañana me he levantado a las cuatro y he ido muy lenta. He tenido que salir rodando de la cama porque mi cuerpo no se mueve bien del todo. Y, en cuanto salgo de mi entorno, todo se convierte en un pequeño reto. A veces, no soy capaz de caminar hacia delante porque mi cerebro no le dice a mi cuerpo que ande. Pero puedo engañarlo caminando hacia atrás o hacia un lado y hacer que vuelva a la carga”.

“No pienso conscientemente en mi enfermedad. Está conmigo, pero no la tengo delante de mí. Solo al tomar la medicina recuerdo que soy una paciente”. Coleen Henderson Heywood

Colleen tiene una misión: intentar demostrarles a las personas con enfermedad de Parkinson que no deben sentir que han perdido sus vidas. Lleva a cabo su misión dando charlas, como paciente, en conferencias sobre la enfermedad y como miembro de varios comités de asesoramiento de la Parkinson’s Disease Society (Sociedad de la Enfermedad de Parkinson) de Reino Unido.

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