Enfermedad de Parkinson

La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo crónico producido por la destrucción de las neuronas dopaminérgicas que se encuentran en una región del cerebro llamada ganglios basales.

Hombres pescando

Estos circuitos neuronales en concreto, intervienen en el control de los movimientos dentro del sistema nervioso central y al haber una destrucción neuronal, la concentración del neurotransmisor dopamina disminuye, provocando una sintomatología principalmente motora (relacionada con el movimiento). Suele afectar a personas mayores de 60 años.1 Los síntomas empeoran a medida que la enfermedad avanza y finalmente, la capacidad de desenvolverse en las situaciones cotidianas se ve muy deteriorada.1 Fue descrita por primera vez por el neurólogo James Parkinson en el año 1817.

La causa exacta de esta pérdida es desconocida, pero se cree que es consecuencia de una combinación de factores genéticos, ambientales y de envejecimiento, como la mayoría de las enfermedades crónicas.2

Síntomas

Debido a estos niveles disminuidos de dopamina aparece el temblor, la rigidez, la lentitud de movimiento, la inestabilidad postural y otra sintomatología como depresión, alucinaciones, insomnio, disfunción de los sistemas autónomos orgánicos (por ejemplo digestión, presión arterial) y síntomas cognitivos, así como alteración en la expresión de las emociones.3

Estadísticas

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la enfermedad de Parkinson afecta a 1 de cada 100 personas mayores de 60 años. Actualmente, hay unos 7 millones de personas con esta enfermedad en el mundo y la OMS prevé que para el 2030 llegarán a ser más de 12 millones.4

En España, más del 50% de las personas dependientes por trastornos crónicos lo son por enfermedades neurológicas y más de 160.000 personas han sido diagnosticadas en la actualidad. En los próximos años, estas enfermedades afectarán cada vez a un mayor número de personas, sobre todo en países como el nuestro, debido al envejecimiento de la población y al aumento de la esperanza de vida. En 2050, casi uno de cada tres españoles tendrá más de 65 años.5

Los afectados por esta enfermedad suelen tener entre 55 y 65 años2, aunque en casos aislados, la enfermedad puede aparecer antes de los 40 años.5 El riesgo de padecer la enfermedad a medida que la edad avanza, así como el envejecimiento global de la población, hace que la cifra de personas que sufren esta patología también aumente.

El estudio EPOCA6 (Encuesta de Parkinson Observando la Calidad Asistencial), realizado por la Federación Española de Parkinson, refleja que más de la mitad de las personas con enfermedad de Parkinson en España tardan una media de entre 1 y 5 años desde que aparece el primer síntoma de la enfermedad hasta ser diagnosticadas. Incluso, un 19% espera más de 5 años a recibir el diagnóstico definitivo (2014).

Actualmente, no hay un marcador biológico que permita diagnosticar con certeza y rapidez la enfermedad de Parkinson. No hay un valor en un análisis de sangre ni una prueba fisiológica que lo confirme. Se trata de un diagnóstico clínico, es decir, sustentado en la historia clínica, la exploración física y neurológica de la persona y la presencia de determinados síntomas o la ausencia de otros. No obstante, según algunos especialistas, cuando la enfermedad se manifiesta a través del temblor, la consulta con el neurólogo suele ser más temprana que cuando lo hace con síntomas de torpeza motora o dolor.7 Entre un 20% y un 40% de las personas con enfermedad de Parkinson presentan indicios de depresión desde el inicio de la enfermedad y, en ocasiones, algunos años antes. Con frecuencia, el enlentecimiento y la torpeza, que pueden deberse a la enfermedad, se asocian a efectos relacionados a la depresión, lo que conlleva un retraso crítico en el diagnóstico.8

Hoy en día, después de un diagnóstico médico adecuado, los síntomas de la enfermedad de Parkinson son tratables, en la mayoría de los casos, con un equipo interdisciplinar.8

La finalidad del tratamiento es controlar y aliviar los síntomas, asegurando la calidad de vida del paciente durante el máximo tiempo posible. Dicho tratamiento suele ser farmacológico y, en algunos casos, quirúrgico. Es muy importante que sea complementado con ejercicio físico, dieta, terapias complementarias y apoyo emocional.

Comprender la nueva situación vital que conlleva la patología en la relación de pareja y aprender a aceptar nuevos objetivos y desafíos, es casi tan importante como el control práctico de la enfermedad.

Bibliografía

  1. Micheli F. y Luquín R. Movimientos Anormales. Clínica y terapéutica. Editorial Médica Panamericana. 2012.
  2. Cognos Report: Parkinson’s disease. 2006.
  3. Morgan JC, Sethi KD. Emerging drugs for Parkinson’s disease. Expert Opin Emerg Drugs 2006; 11 (3): 403–417.
  4. World Health Organization. The global burden of disease. 2004 update. www.who.int/healthinfo/global_burden_disease/2004_report_update/en/index.html. Accessed 06/09/11.
  5. Impacto sociosanitario de las enfermedades neurológicas en España. Informe FEEN (Fundación Española de Enfermedades Neurológicas). 2006.
  6. Encuesta Parkinson Observando la Calidad Asistencial (EPOCA). Federación Española de Párkinson. 2014.
  7. Datamonitor Stakeholder Opinions: Parkinson’s disease. 2006.
  8. Esther peñas Domingo y col. El libro blanco del Parkinson. Aproximación ,análisis y propuestas de futuro. DL: M-29385-2015.
  9. Grimes DA. Parkinson’s disease: a guide to treatments, therapies and controlling symptoms. London: Constable & Robinson Ltd, 2004.
  10. de Rijk MC, Tzourio C, Breteler MM, et al. Prevalence of parkinsonism and Parkinson’s disease in Europe: the EUROPARKINSON Collaborative Study. European Community Concerted Action on the Epidemiology of Parkinson’s disease. J Neurol Neurosurg Psychiatry 1997; 62 (1): 10–15.
  11. Cognos Report: Parkinson’s disease. 2004.
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