La historia de Xue Bing

Un peso en el corazón

La vida de Xue Bing, de 46 años, giraba en torno al trabajo duro y la ambición. Como cofundador de una próspera empresa de “team building”, estaba haciendo realidad sus sueños de emprendedor. Su trabajo consistía en motivar a los demás, pero él fue quien acabó perdiendo su chispa por una depresión grave.

Xue Bing

China

46 años. Casado. 

Profesión

Xue es socio de una empresa de formación de equipos que él cofundó. En los últimos 20 años ha crecido rápidamente, atrayendo a grandes inversores. 

Diagnóstico

Durante 2016, Xue empezó a sentirse cada vez más desanimado. Durante mucho tiempo, pensó que estaba agotado por su agitada vida laboral y que sólo necesitaba descansar. Pero entonces empezaron a aparecer pensamientos de suicidio, entre otras cosas. En la primavera de 2017, se le diagnosticó un trastorno depresivo mayor.

Xue Bing recuerda lo centrado que solía estar cuando dirigía una sesión de “team building”. Una de las actividades que realizaba frecuentemente con un grupo de clientes era la escalada: un ejercicio que exigía toda su atención. Él era el responsable de asegurarse de que los arneses y los cascos estuvieran bien ajustados para que no hubiera heridos. Tenía que atender constantemente las necesidades de cada uno de los participantes. Parecía como si su mente se hinchara bajo la presión: “Un par de segundos de retraso y habría sido demasiado tarde, pero yo era rápido”.


Xue animaba a sus clientes a vencer sus miedos, a confiar en sí mismos y a superar sus límites. Y los clientes estaban entusiasmados con él. Cada éxito lo lanzaba hacia el siguiente reto, y así transcurrieron dos décadas en un torbellino de largas jornadas de trabajo, aeropuertos y habitaciones de hotel. Durante años, Xue lo dio todo para alcanzar sus ambiciosos objetivos de crecimiento. Durante todo ese tiempo, sus capacidades cognitivas nunca le fallaron. Xue se describe como una persona lógica, constructiva, concisa y extremadamente eficiente. El tiempo pasaba volando, y él era capaz de seguir el ritmo.

Estoy tan agotado

¿Cuándo empezó a decaer? Fue un deterioro gradual a lo largo de 2016. Xue solía estar inmerso en su trabajo con los clientes. Le gustaba reír y disfrutar con sus compañeros de trabajo al final de la jornada laboral. Ahora, miraba el reloj en medio de una sesión, deseando que se acabara pronto. Ahora, se retiraba a su habitación de hotel en lugar de irse a tomar algo con sus compañeros. Y empezó a sentir dudas: dudas sobre si era lo bastante bueno, si seguía estando a la altura de su trabajo.

“Me moría por sentir la confianza y la pasión que yo inspiraba en los demás, pero no sentía nada en absoluto”,  Xue Bing

Se dijo a sí mismo que eso se debía simplemente al cansancio. Sin embargo, era un tipo de cansancio extraño. Empezó a parecerle que el contacto con el mundo exterior no era importante. Y, sumido en su mundo interior, comenzó a rondarle un pensamiento inquietante. Para tranquilizarse, se empeñó en rodearse de la máxima tranquilidad. En el trabajo dijo que estaba enfermo. Se aisló en su casa y se fue volviendo más callado. Si su hija pequeña cantaba o bailaba, Xue se ponía hecho una furia y la niña le tenía miedo. Su mujer intentó comunicarse con él, pero también la rechazó. Al final, dejó de hablar con su esposa por completo, así que ella y la niña se fueron a vivir con unos familiares.


Ahora estaba solo.


Se alejó de todo lo que lo rodeaba tanto como pudo. Pero nunca se sentía lo bastante aislado. Porque aquel pensamiento aterrador seguía haciéndose cada vez más fuerte. “Notaba un peso en el corazón”, explica Xue, y esa presión era tan intensa que casi le impedía respirar. Había una voz en su interior que le proponía siempre la misma solución: estás tan cansado. No tienes nada a lo que aferrarte. Vete a hacer escalada, pero esta vez no lleves el casco ni el arnés. Sube hasta la cima. Y lánzate al vacío.

Podemos ayudarte

La mujer de Xue Bing se había ido de casa, pero no había perdido la fe en su marido. Un día, consiguió convencerle para que cenara con ella en un asador. Y fue allí, en aquel restaurante, donde Xue habló por primera vez sobre todo lo que había estado ocultando y sobre su incapacidad de entender por qué sentía semejante agonía. Pero ella tenía un presentimiento. Una de sus compañeras de trabajo se había suicidado y resultaba que había estado sufriendo depresión. Por eso insistió a su marido para que fuera a un médico. Xue le habló al médico sobre sus noches en vela, el remordimiento, el miedo al fracaso y esa peligrosa voz que había en su interior. Todavía recuerda la conclusión del médico. “Tienes un caso grave de trastorno depresivo mayor”, dijo y añadió: “Podemos ayudarte”.


Cuando Xue empezó a notar el primer signo de recuperación, le pareció tan convincente, que se atrevió a confiar en su mejoría. “Sentí cómo la presión en mi corazón se relajaba”, explica. Desde entonces, Xue ha ido progresando de forma constante. Su mujer y su hija han vuelto a casa y él disfruta de su compañía. Ha vuelto a trabajar en horario reducido y participa en el día a día de la empresa.

El precio de contar la verdad

Pero no es el mismo de antes. Por eso ya no se hace cargo de los clientes, aunque le gustaría. “¿Cómo podría hacerlo?”, se pregunta. Ha tenido problemas para recordar y gestionar situaciones complejas, y eso es algo fundamental en una sesión de “team building”. Echando la vista atrás, Xue ha logrado sacar su propia conclusión para explicar por qué fueron tan mal las cosas. Había demasiada distancia entre lo que se exigía a sí mismo y lo que era humanamente posible de alcanzar. Xue piensa que debe de haber muchas otras personas que estén pasando por lo mismo que él. “La economía china está creciendo tan rápido que creo que cada vez más personas están sufriendo depresión”, afirma. También opina que muchas de esas personas sufren en silencio, como le pasó a él, sin saber qué les está pasando.


Esas son las personas a las que Xue le gustaría ayudar. Normalmente, cuando a alguien le diagnostican depresión, hace lo que sea por ocultarlo. El precio de contar la verdad es demasiado alto. Y Xue también arriesgó mucho al abrirse. Tanto él como su empresa tienen una gran reputación, y Xue se pregunta que pensará la gente cuando oiga su historia. “¿Me juzgarán y creerán que me dejo llevar por mi sensibilidad? ¿O seguirán confiando en mí y en mi capacidad para tomar decisiones sensatas?”. Son preguntas para las que no tiene respuesta. Pero su vocación siempre ha sido sacar lo mejor de la gente y, ahora, quiere hacer lo mismo por aquellos que sufren como él. Por eso quiere contar la verdadera historia.


“Las familias tienen que entenderlo”, afirma. “Las personas con depresión no pueden evitar comportarse así. Necesitan ayuda, ayuda profesional”.

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